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APNEA



Fred Buyle

¿qué impulsa a un hombre a sumergirse en el agua con el único aire que el que sea capaz de retener en sus pulmones y descender a profundidades donde ni la luz del sol puede llegar? Es una pregunta de difícil respuesta, pero quizá las palabras de Umberto Pelizzari, uno de los mejores amneistas de todos los tiempos, puedan aportar algo de luz a este enigma.

De 0 a 100 metros e incluso más profundo, de cabeza hacia el abismo: el latido del corazón se vuelve más lento, el cuerpo se desvanece, y todos los sentimientos toman una nueva forma. La única cosa que permanece de nosotros es el alma. Un largo salto en el alma, que parece absorberse en el universo. Cada vez que asciendo es una oportunidad: es mi yo que se re-encuentra en mi dimensión humana, metro a metro, para subir entonces y ver la luz otra vez. A menudo ocurre que me preguntan que hay allí abajo en el fondo del mar. Quizá la única respuesta posible es que uno no desciende en apnea para mirar alrededor sino que lo hace para mirar dentro de si mismo. En el abismo me miro a mi mismo. Esto es una experiencia mística limítrofe con lo divino. Estoy inmensamente solo pero siento como si en mi interior estuviese toda la humanidad conmigo. Es mi existencia,una existencia humana que supera los límites, que se absorve en el mar, que se funde en si mismo y lo re-encuentra.

Como puede apreciarse de las palabras de Umberto, la sensación que se experimenta es tan increible que les impulsa a repetir este viaje una y otra vez, aun a riesgo de no regresar. Muchos amneistas han quedado en el camino, porque este viaje sólo tiene dos finales, uno termina en una nueva respiración y el otro .... el otro termina allí abajo, con los delfines.

A pesar de que muchos amneistas fueron antes pescadores deportivos y muchos lo siguen siendo, el apneista no baja para pescar, ni para observar el medio, como hacen los escafandristas, el amneista baja para realizar un viaje interior, para fundirse en el mar y en el universo. Pero este concepto de la apnea es muy reciente, antiguamente los buceadores a pulmón libre siempre se sumergían con un objetivo,con una misión: pescar, recuperar un tesoro, recuperar un ancla o con la idea de batir una marca anteriormente establecida. Hoy en día, esto se continúa haciendo, pero a la vez se ha encontrado en la apnea un extraordinario camino para un viaje interiror que no sabemos si conducirá a alguna parte, pero que como comenta Pelizzari, sirve para encontrarse a uno mismo.

Umberto Pelizzari Umberto Pelizzari



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